Soñé que viajaba en barco.
Era como un crucero, un barco enorme, demasiado iluminado, con un montón de habitaciones y lugares como de recreación. Había sillones por todas partes y todos eran rojos. Y la alfombra era la misma en todos los pisos, roja con detalles azules... no me acuerdo si esos "detalles" eran rombos o triangulitos.
Yo estaba sola, pero resola en ese barco tan grande. Y tenía miedo porque era martes trece y estaba segura de que me iba a pasar algo, por eso de "no te cases ni te embarques". Cualquiera.
La cosa es que yo estaba buscando a alguien, creo que al capitán del barco, desesperada porque me quería bajar, y volver a tierra firme. La sensación de mareo mientras corría por los pasillos, todo rojo y azul, era re vívida. La puerta por donde se suponía que tenía que salir al exterior estaba cerrada, y todas las habitaciones vacías. Y yo seguía corriendo como una sacada, subiendo y bajando escalones a cada rato, como dando vueltas en círculos.
Y de la nada aparecía un freeshop que, curiosamente, estaba abierto e incluso más iluminado que todo el resto del barco. Yo me acercaba queriendo ver si encontraba a alguien más y me acuerdo patente haber visto una estantería enorme llena de chocolates blancos, suizos. No sé por qué blancos, y tampoco sé por qué suizos. La cuestión es que pasaba de largo esa estantería, pero en la siguiente había más de lo mismo. Chocolates. Y en la siguiente más chocolates. Y en la otra. Y así.
Era como si el freeshop nunca se terminara y lo único que vendieran fuera eso, chocolate. Yo quería encontrar la salida y lo único que había alrededor era estanterías repletas y las luces del lugar que se hacían cada vez más brillantes.
Me desperté en algún punto de esa corrida interminable.
Y tuve ganas de comer chocolate blanco todo el día.